Roma Monárquica
Roma Monárquica
Italia 500 a.C.
Italia 500 a.C.
Numa Pompilio
Numa Pompilio

Como ya se ha visto en el capítulo anterior, el inicio de Roma se ha de buscar en el establecimiento durante los siglos IX y sobre todo VIII a.C. de los latinos en la llanura del Tíber, un emplazamiento protegido por los montes Albanos, un importante macizo volcánico. Sus primeros habitantes estaban rodeados por etruscos al norte, sabinos al este, y volscos al sur. Situados geográficamente en una encrucijada de civilizaciones en apogeo, como la etrusca, la griega y la fenicio-cartaginesa, se verían fuertemente influenciados por ellas a la hora de moldear sus señas de identidad. La tradición romana, como toda gran nación antigua que se precie explica su fundación alrededor de mitos y leyendas: en torno al año 753 a.C. Rómulo y Remo fundaron a orillas del Tíber, la capital del que sería el mayor imperio de toda la historia de la humanidad. Tras dar muerte a su hermano, Rómulo se convirtió en el primer rey de Roma.

El primer rey fue deificado como Quirino tras su muerte. Se dijo que Marte se lo había llevado para convertirlo en un dios. A Rómulo le sucedió el sabino Numa Pompilio, que destacó por su piedad religiosa, instaurando la religión de estado y fundando el templo de Jano (el dios de los dos rostros). Tanto es así que se le conoce como el rey-sacerdote.

El tercer rey fue Tulo Hostilio, que destacó por su gloria militar, un carácter guerrero y ansias de expansión. Desató una guerra civil con Alba Longa y también luchó contra la poderosa ciudad etrusca de Veyes y contra los sabinos. A su reinado corresponde el mítico enfrentamiento entre los tres gemelos Horacios y los tres Curiacios para decidir la suerte de la guerra civil sin derramamiento de sangre entre pueblos hermanos; dicha confrontación terminó con victoria romana y con el establecimiento de los albanos en el Monte Celio.

A Tulo Hostilio le sucedió Anco Marcio, que destacó por conciliar sus deberes religiosos con los de monarca, y amplió Roma con la incorporación de las colinas del Aventino y del Janículo. A su reinado corresponde también la primera gran obra de ingeniería de su pueblo: el Pons Sublicius, un puente de estacas sobre el río Tíber, cuyo guardián, el Pontifex Maximus o Pontífice Máximo, acabó adquiriendo funciones sacerdotales y se convirtió en dirigente del Collegium Pontificum o Colegio Pontificio y principal autoridad en asuntos religiosos.

Estos primeros cuatro reyes son considerados como agrarios, por representar un tipo de sociedad arcaica basada en los recursos que ellos mismos podían procurarse. Aún así, encontramos en este período el origen de instituciones y mecanismos de organización que serían fundamentales en el resto de la historia romana.

Templo de Vesta. Roma
Templo de Vesta. Roma

En un principio la ciudad funcionó como una democracia absoluta: existían tres tribus (latinos, sabinos y etruscos), divididas cada una en diez barrios o curiae, que a su vez se dividían en diez gentes o manzanas de casas, y éstas en familias. Las curias se reunían celebrando el Comicio Curiado un par de veces al año y, entre otras cosas, elegían al nuevo rey cuando el anterior moría. Democracia sin clases sociales que fue efectiva mientras la ciudad no alejó su poder de sus murallas.

Calles de Ostia
Calles de Ostia
Tumba etrusca del siglo II a.C. Florencia
Tumba etrusca del siglo II a.C. Florencia

A medida que la ciudad creció, el rey tuvo que apoyarse en una burocracia para atender todos los aspectos del gobierno. Se creó así el Senado o Consejo de Ancianos, formado por cien primogénitos de las familias descendientes de los compañeros fundadores de Rómulo. Y con el paso del tiempo pasaron de una mera institución consejera a ser muy influyentes.

Finalmente se creó el ejército como institución definitiva basándose en la Legión, al principio únicamente una, organizándose en torno a las treinta curias que debían reclutar cada una de ellas unas levas de cien soldados de infantería (centuria) y diez de caballería (decuria). En total, la primitiva legión se compuso de tres mil trescientos soldados. Los oficiales entonces se denominaban pretores y el mando absoluto pertenecía al rey.

Tras estos reyes rurales o agrarios, donde se forjan las primeras señas de identidad del pueblo, se inicia una etapa de dominación etrusca, a partir del año 616 a.C., que dejará una huella imborrable en la cultura romana. Una ciudad pujante necesitaba más gente para desarrollarse y buena parte de esa inmigración provino de Etruria, seguramente más avanzada económica y socialmente que los primeros habitantes de Roma.

Se inicia una nueva época con los conocidos como reyes mercaderes. Hay evidencias arqueológicas que datan el inicio de este período en torno al año 600 a.C., confirmando así los relatos de los historiadores clásicos. Lucio Tarquino Prisco (ó el Antiguo) procedente del enclave etrusco de Tarquinia, hijo de Demárato de Corinto y esposo de Tanaquil, llega a la ciudad con sus riquezas y su buen hacer, y consigue del rey Anco Marcio la tutoría de sus hijos. Poco a poco aleja a los herederos y consigue alzarse con el poder. Tarquino adopta los distintivos reales etruscos: corona, cetro, manto de púrpura, trono de marfil, y los doce lictores. Destacó por sus victorias sobre latinos y sabinos, por su empeño en el embellecimiento, inició la edificación del templo de Júpiter Capitolino, encargó el drenaje de las vaguadas entre las colinas y de las zonas bajas y se logró gracias a la construcción de un gran desagüe subterráneo: la Cloaca Maxima (aún en funcionamiento en la actualidad). Más tarde sufrió un atentado de los hijos de Anco que querían recuperar su derecho al trono, pero el heredero era ya el yerno de Tarquino: Servio Tulio, que con la ayuda de Tanaquil toma el poder obligando a los hijos de Anco a huir precipitadamente.

Vía Sacra y templos de Poseidón y Hera. Paestum (Magna Grecia)
Vía Sacra y templos de Poseidón y Hera. Paestum (Magna Grecia)

Servio, de humilde origen, llevó a cabo una organización civil del Estado: elaborando el primer censo, estableciendo un sistema de impuestos e instaurando el servicio militar obligatorio. Dividió al pueblo en cinco clases (jerarquía que también se aplicó a la organización militar) que agrupaban centurias, teniendo cada una un representante en la Asamblea. Aparentemente era un sistema democrático, pero era más bien oligárquico, puesto que los ricos poseían 98 de las 193 centurias. Además amplió la ciudad con la incorporación de la última colina: Esquilino (Roma era ya el septimontium). Dividió la ciudad en cuatro regiones, levantó una muralla defensiva (las conocidas en la antigüedad como murallas servianas), sometió definitivamente a los latinos, y edificó el Templo de Diana, símbolo de unión de romanos y latinos (paralelismo con el templo de Artemisa en Éfeso, que fue el santuario de la liga de las 12 ciudades jónicas), lo cual venía a ser (según palabras de Tito Livio) «un reconocimiento de la capitalidad de Roma, cuestión que había dado lugar a tantas guerras».

Fue considerado por muchos, incluyendo acérrimos defensores de la República, como el segundo fundador de Roma. Llevó a cabo múltiples reformas y tras de sí dejó una ciudad que contando las zonas conquistadas ya albergaba a casi un millón de almas. Se estima que sólo la ciudad en torno a cien mil. Partiendo de los treinta o cuarenta mil de los tiempos de la primera legión, es un aumento considerable.

Finalmente Servio Tulio fue asesinado por los partidarios del esposo de Tulia (hija del rey). El séptimo y último monarca, Lucio Tarquino el SoberbioSuperbus), negó sepultura a su suegro y mató a todos sus partidarios. Llevó una política autoritaria y así como su antecesor gozó de respeto y grandeza interior, éste trató de asentar su posición mediante campañas militares en el exterior, gracias a sus varias decenas de miles de soldados, y a la habilidad diplomática cuando era necesario. Entre sus logros destacan la renovación de la alianza con los latinos y la conquista de la Sabina y gran parte de Etruria, ampliando así las fronteras hasta dominar el mar Tirreno. Al final de su regencia dejó una potencia regional en el mediterráneo central aguardando un destino mayor.  Lucio Tarquino también finalizó la construcción del templo de Júpiter Capitolino en la famosa roca Tarpeya.

Calles de Pompeya
Calles de Pompeya

La leyenda de la abolición de la monarquía proviene del acontecimiento que protagonizó el rey con Lucrecia y con Lucio Junio Bruto:

Durante el asedio a la ciudad de Ardea (del pueblo rútulo), hubo una apuesta de grandes señores acerca de cuál de sus mujeres era la más virtuosa. Lucio Tarquino Colatino demostró que su mujer, Lucrecia, era la merecedora de ese honor, y el rey se obsesionó con la idea de poseerla. Un día en que fue recibido como huésped en Colacia, se escurrió por entre los aposentos de la dama y la amenazó de muerte si se resistía a su voluntad, pero Lucrecia se mostró inflexible. El encolerizado rey le dijo que colocaría junto a su cadáver el de «un esclavo degollado y desnudo, para que se dijera que había sido muerta en degradante adulterio» (Tito Livio).

Ante esa situación, Lucrecia doblegó su voluntad y fue deshonrada por Tarquino el Soberbio. Tras esto, Lucrecia hizo llamar inmediatamente a su padre y a su marido, que acudió acompañado del sobrino del rey: Lucio Junio Bruto (que llevaba el sobrenombre de Bruto, por necio, al haber adoptado una actitud sumisa hacia el rey, tras enterarse de la muerte de su hermano, partidario del anterior monarca Servio Tulio). Cuando confesó lo sucedido y hubo exigido venganza bajo juramento, tomó un cuchillo y antes de clavárselo en el corazón, exclamó: «vosotros veréis cuál es su merecido; por mi parte, aunque me absuelvo de culpa, no me eximo de castigo; en adelante ninguna mujer deshonrada tomará a Lucrecia como ejemplo para seguir con vida» (Tito Livio).

Cuando se materializó el suicidio, Lucio Junio Bruto estalló en cólera e hizo un juramento sobre su vida en que prometía perseguir al rey y a toda su descendencia, a sangre y fuego, y no consentiría que ni ellos ni nadie más reinase sobre Roma. El cadáver de Lucrecia fue llevado al Foro para mostrárselo al pueblo y Bruto pronunció su discurso. El rey y su familia fueron expulsados de Roma y la monarquía desterrada para siempre de su pueblo, a pesar de los inútiles intentos de Tarquino por recuperar el trono.

Lo que está claro, sea o no verídica esta leyenda u otras versiones similares de la misma, es que cuando una revuelta popular instigada por los patricios, que tenían una gran fuerza política en el Senado y riqueza proveniente de la agricultura, en torno al año 509 a.C. suprime la monarquía e implanta un régimen republicano, donde los máximos poderes públicos serían otorgados a dos cónsules, renovables anualmente, Roma ya contaba con nuevas murallas, un sistema de alcantarillas (la Cloaca Maxima, que secó las charcas donde se construiría el Foro), un gran templo en el Capitolio, un temible ejército y una densa población.

A los pocos meses del cambio político se firmó un tratado de comercio con Cartago para regular los derechos de las respectivas marinas. Eso demostraba que la ciudad era ya poderosa, una pequeña potencia  respetada e inquietante para sus vecinos y es entonces cuando comienza a poner los ojos en todo el Lacio y más allá.

Autor: Eduardo Ortiz Pardina