La Monarquía
 

<<Marcha con tu amor a destiempo ya que te olvidas de tus hermanos muertos y del que está vivo, ya que te olvidas de tu patria. Muera de igual modo cualquier romana que llore a un enemigo>>

Palabras del Horacio superviviente a su hermana, TITO LIVIO, 59 a.C.-17 d.C.

ITALIA PRERROMANA, siglo IX a.C.
 

El inicio de esta gran nación se ha de buscar en el establecimiento durante los siglos IX y sobre todo VIII a.C. de los latinos en la llanura del Tíber, que estaba protegida por los montes Albanos (un importante macizo volcánico). Estaban rodeados por etruscos al norte, sabinos al este, y volscos al sur. Situados geográficamente en una encrucijada de civilizaciones en apogeo, como la etrusca, la griega y la fenicio-cartaginesa, se verían fuertemente influenciados por ellas a la hora de moldear sus señas de identidad. La tradición romana, como toda gran nación antigua que se precie y como ya se ha visto en el capítulo anterior, tiene una historia de fundación mítica: en torno al año 753 a.C. Rómulo y Remo (amamantados por una loba en sus primeros días) fundaron a orillas del Tíber, la capital del que sería el mayor imperio de toda la historia de la humanidad.

NUMA POMPILIO, rey romano

A Rómulo le sucedió el sabino Numa Pompilio, que destacó por su piedad religiosa, instaurando la religión de estado y fundando el templo de Jano (el dios de los dos rostros).

El tercer rey fue Tulo Hostilio, que destacó por su gloria militar, un carácter guerrero y ansias de expansión; desató una guerra civil con Alba Longa, y también luchó contra la poderosa ciudad etrusca de Veyes y contra los sabinos. A su reinado corresponde el mítico enfrentamineto entre los tres gemelos Horacios y los tres Curiacios para decidir la suerte de la guerra civil sin derramamiento de sangre entre pueblos hermanos; dicha confrontación terminó con victoria romana y con el establecimiento de los albanos en el Monte Celio. A Tulo Hostilio le sucedió Anco Marcio, que destacó por conciliar sus deberes religiosos con los de monarca, y amplió Roma con la incorporación de las colinas del Aventino y del Janículo. A su reinado corresponde también la primera gran obra de ingienería de su pueblo: el "Pons Sublicius" (un puente de estacas sobre el río Tíber), cuyo guardián (el "Pontifex Maximus") acabó adquiriendo funciones sacerdotales y se convirtió en dirigente del "Collegium Pontificum" y principal autoridad en asuntos religiosos.

FIGURA ETRUSCA QUE REPRESENTA AL DIOS  MARTE, s. VI-V a.C.

Tras estos reyes se inicia una etapa de dominación etrusca, a partir del año 616 a.C., que dejará una huella imborrable en la cultura romana, y las evidencias arqueológicas datan el inicio de este período en torno al año 600 a.C., confirmando así los relatos de los historiadores clásicos. Lucio Tarquinio Priscoel Antiguo) procedente del enclave etrusco de Tarquinios, hijo de Demárato de Corinto y esposo de Tanaquil, llega a la ciudad con sus riquezas y su buen hacer, y consigue del rey Anco Marcio la tutoría de sus hijos. Poco a poco aleja a los herederos y consigue alzarse con el poder. Tarquinio adopta los distintivos reales etruscos: corona, cetro, manto de púrpura, trono de marfil, y los doce lictores. Destacó por sus victorias sobre latinos y sabinos, por su empeño en el embellecimiento, inició la edificación del templo de Júpiter Capitolino, encargó el drenaje de las vaguadas entre las colinas y de las zonas bajas y se logró gracias a la construcción de un gran desagüe subterráneo: la Cloaca Máxima (aún en funcionamiento en la actualidad). Más tarde sufrió un atentado de los hijos de Anco que querían recuperar su derecho al trono, pero el heredero era ya el yerno de Tarquinio: Servio Tulio, que con la ayuda de Tanaquil toma el poder obligando a los hijos de Anco a huir precipitadamente.

CLOACA MÁXIMA, bajo un puente moderno, Roma-ITALIA

Servio, de humilde origen, llevó a cabo una organización civil del Estado: elaborando el primer censo de la nación, estableciendo un sistema de impuestos e instaurando el servicio militar obligatorio. Dividió al pueblo en cinco clases (jerarquía que también se aplicó a la organización militar) que agrupaban centurias, teniendo cada una un representante en la Asamblea. Aparentemente era un sistema democrático, pero era más bien oligárquico, puesto que los ricos poseían 98 de las 193 centurias. Además amplió la ciudad con la incorporación de las tres últimas colinas: Quirinal, Viminal y Esquilino (Roma era ya el "septimontium"). Dividió la ciudad en cuatro regiones, levantó una muralla defensiva, sometió definitivamente a los latinos, y edificó el Templo de Diana, símbolo de unión de romanos y latinos (paralelismo con el templo de Artemis en Éfeso, que fue el santuario de la liga de las 12 ciudades jónicas), lo cual venía a ser (según palabras de Tito Livio) <<un reconocimiento de la capitalidad de Roma, cuestión que había dado lugar a tantas guerras>>. Finalmente el sexto rey fue asesinado por los partidarios del esposo de Tulia (hija del rey). El séptimo y último monarca, Lucio Tarquinio el Soberbio ("superbus"), negó sepultura a su suegro y mató a todos sus partidarios, llevó una política dictatorial, y entre sus pocos logros destacan: la renovación de la alianza con los latinos y la toma de Gabios, ampliando así las fronteras, además de iniciar la construcción del templo de Júpiter en la colina Tarpeya.

TEMPLO DE SATURNO, Roma-ITALIA

La leyenda de la abolición de la monarquía proviene del acontecimiento que protagonizó el rey con Lucrecia y con Lucio Junio Bruto: durante el asedio a la ciudad de Árdea (del pueblo rútulo), hubo una apuesta de grandes señores acerca de cuál de sus mujeres era la más virtuosa; Tarquinio Colatino demostró que su mujer, Lucrecia, era la merecedora de ese honor, y el rey se obsesionó con la idea de poseerla. Un día en que fue recibido como huésped en Colacia, se escurrió por entre los aposentos de la dama y la amenazó de muerte si se resistía a su voluntad, pero Lucrecia se mostró inflexible; el rey encolerizado le dijo que colocaría junto a su cadáver el de <<un esclavo degollado y desnudo, para que se dijera que había sido muerta en degradante adulterio>> (Tito Livio).

Ante esa situación, Lucrecia doblegó su voluntad y fue deshonrada por Tarquinio el Soberbio. Tras esto, Lucrecia hizo llamar inmediatamente a su padre y a su marido, que acudió acompañado del sobrino del rey: Lucio Junio Bruto (que llevaba el sobrenombre de Bruto, necio, por haber adoptado una actitud sumisa hacia el rey, tras enterarse de la muerte de su hermano, partidario del anterior monarca Servio Tulio). Cuando confesó lo sucedido y hubo exigido venganza bajo juramento, tomó un cuchillo y antes de clavárselo en el corazón, exclamó: <<vosotros veréis cuál es su merecido; por mi parte, aunque me absuelvo de culpa, no me eximo de castigo; en adelante ninguna mujer deshonrada tomará a Lucrecia como ejemplo para seguir con vida>> (Tito Livio). Cuando se materializó el suicidio, Lucio Junio Bruto estalló en cólera e hizo un juramento sobre su vida en que prometía perseguir al rey y a toda su descendencia, a sangre y fuego, y no consentiría que ni ellos ni nadie más reinase sobre Roma. El cadáver de Lucrecia fue llevado al Foro para mostrárselo al pueblo y L. J. Bruto pronunció su discurso; el rey y su familia fueron expulsados de Roma, y la monarquía desterrada para siempre de su pueblo.

AULO METELO, magistrado de lengua etrusca y linaje umbro-romano, "estatua del orador"

Lo que está claro, sea o no verídica esta leyenda, es que cuando una revuelta popular instigada por los patricios, que tenían una gran fuerza política en el Senado y riqueza proveniente de la agricultura, entorno al año 509 a.C., suprime la monarquía e implanta un régimen republicano (donde los máximos poderes públicos serían otorgados a dos cónsules, renovables anualmente), Roma ya contaba con nuevas murallas, un sistema de alcantarillas (la Cloaca Máxima, que secó las charcas donde se construiría el Foro), un gran templo en el Capitolio, un temible ejército y una densa población.

La ciudad era ya poderosa, una pequeña nación respetada e inquietante para sus vecinos, y es entonces cuando comienza a poner los ojos en todo el Lacio.