Bizancio
   

<<A ti apelo, oh alma, no ya leída, erudita, sabia, estudiosa; sino sencilla, ruda, inculta, analfabeta, alma del pueblo, del vulgo, del labriego. Me es necesaria tu impericia, porque de los peritos nadie fía>>

TERTULIANO, 160-246

   
MURALLAS DE BIZANCIO, hasta el s.XV fueron inexpugnables
   

Al hablar de Bizancio, partimos del error de llamar por otro nombre a un pueblo que se consideraba a sí mismo romano, que se regía por sus leyes y que soñó toda su existencia con la reunificación del territorio que antaño estaba bajo el dominio de los césares. Esto último casi se consiguió en tiempos de Justiniano, considerado por muchos el último emperador romano a la vieja usanza, aunque esto es falso, puesto que Roma siguió viva mientras la parte oriental sobrevivió.

Los historiadores franceses del renacimiento, tienen el triste deshonor de habernos dejado como legado esta incorrección histórica, desligando los sucesos bizantinos de los romanos occidentales, bañando un glorioso pasado en un mero mar de conjuras, guerras internas, decadencia y lujos orientales.

BATALLA NAVAL, el <<fuego griego>> se inflamaba al contactar la nafta con el agua-utilizado por primera vez en el 677 para defender Constantinopla de los árabes
 

Si en algo se podía basar en cierta manera esta separación "de facto", era en la lengua de las clases populares, que no era el latín, era el griego, como herencia cultural de la colosal campaña helenizante de Alejandro Magno muchos siglos atrás. Pero el griego era la lengua culta en los tiempos de las legiones triunfales, y estaba visto como señal de erudición y distinción entre las clases altas del antiguo imperio; nunca se vió como símbolo divisor, más bien enriquecedor para la gloria de Roma. La lengua actual de Grecia apenas difiere de la hablada en las provincias bizantinas durante el medievo.

Parece paradójico contemplar en tiempos presentes, cómo Turquía pretende reivindicar territorios griegos, al igual que Marruecos hace con las españolas Ceuta, Melilla, y las islas Canarias. Pero estas reclamaciones dejémoslas para políticos imperialistas de imperios que no existen y que no saben lo que es abrir un libro de historia.

 
IMPERIO BIZANTINO, en tiempos de Justiniano
 

El Imperio Bizantino tiene su origen en la división administrativa (que no política) del Imperio Romano, realizada por Diocleciano en el año 285 para mejorar la gestión de todo el territorio, que ocupaba un extensísimo perímetro. Pero el nacimiento de Bizancio como estado independiente no aparece hasta la muerte de Teodosio (395), el cual dividió el imperio en dos partes para sus hijos: Honorio (Occidente) y Arcadio (Oriente).

La capital se situó en la Nueva Roma: Constantinopla, y desde ahí sus emperadores siempre tuvieron la aspiración de recuperar todo el territorio tras la caída del Imperio Occidental, llegando a reunificar bajo su dominio, durante distintos intervalos de tiempo, buena parte del antiguo Imperio Romano (cabe destacar que en tiempos del gran Justiniano se reconquistó Roma y toda la península itálica, el sur de Hispania y el norte de África: el Mediterráneo volvió a ser casi por entero un mar romano). En cuanto al tipo de gobierno, consistió en una fórmula a medio camino entre las monarquías orientales (como Persia) y los absolutismos muy posteriores del resto de Europa; los emperadores concentraban todo el poder, ejerciéndolo en numerosas ocasiones de forma despótica y apoyándose en poderosos ejércitos, una burocracia muy amplia heredada de Roma, y una diplomacia con experiencia. En las doce dinastías que regentaron el imperio se sucedieron episodios de traiciones, usurpaciones, revueltas y sediciones, que fueron desgastando poco a poco la nación, mientras seguían las presiones exteriores (sobre todo por parte de persas y ávaros al inicio, y de árabes y turcos al final).

PUENTE BIZANTINO DE "PINOS", Granada-ESPAÑA
 

La etapa más brillante y de mayor apogeo se corresponde con la existencia en el poder del mejor emperador que tuvo el Imperio Bizantino: Justiniano I (482-565), que gobernó desde el año 527 hasta su muerte, y con sus grandes generales: Salomón, Germano, y sobre todo Belisario y Narsés, a los cuales encargó la misión de reunificar todo el imperio, cosa que en parte se consiguió. Además, Justiniano (conocido como "el que no duerme jamás", por su entrega al servicio de la nación) se rodeó de ministros-cancilleres muy capaces, como: Triboniano y Juan de Capadocia.

 
JUSTINIANO, emperador bizantino

Pero esta época no se ciñó solo a aspectos expansionistas, ya que se emprendió el mayor proyecto jurídico de la historia, dando lugar al impresionante "Corpus juris civilis" (553), una monumental recopilación y codificación de todo el derecho romano, tanto privado como público; esta obra y sus influencias son totalmente reconocibles en el derecho actual. También se intentó unificar la Iglesia bajo la doctrina católica mediante concilios y discusiones teológicas, pero las distancias se acrecentaron respecto de los monofisistas y nestorianos y todo ello fue el embrión del futuro cisma de Oriente, dando lugar a las iglesias ortodoxas que hoy conocemos. Por último, cabe destacar de esta etapa de prosperidad la aportación al arte y a la arquitectura, creándose un estilo propio muy rico que influenció a la mayor parte de sus vecinos, dejándonos obras como la magnífica catedral de Santa Sofía en Constantinopla (convertida en mezquita desde que los turcos, hace varios siglos, pasaron a cuchillo a sacerdotes y monjas, violaron durante semanas en el altar y apagaron las velas con las cabecitas de bebés romanos).

BASÍLICA DE SANTA SOFÍA, Constantinopla-TURQUÍA
 

Tras este periodo, nunca más alcanzó Bizancio la vieja gloria imperial romana, pasando por situaciones de decadencia y sumiéndose en modelos de civilización medieval. Otro gran emperador: Heraclio I, que gobernó entre los años 610 y 641, destronó al usurpador Focas, heredando una situación caótica: los ávaros (descendientes de los hunos de Atila) y los eslavos ocupaban Dalmacia y una gran parte de Grecia y de sus islas, los persas (eternos enemigos de Roma) saqueaban Jerusalén, robando la Santa Cruz y conmocionando así a todo el mundo cristiano, y se asentaban después en Egipto (618). Era el momento de reconquistar o de perder definitivamente el sueño de un mundo romano.

 
NICÉFORO III BOTANIATAS Y SU ESPOSA, emperadores
NICÉFORO BOTANIATAS, emperador
 

Todo el mundo bizantino se volcó en la solución de esta crisis, y Heraclio recibió el oro fundido del patriarca Sergio y creó un nuevo ejército a la vieja usanza (infantería y arqueros básicamente) encabezando unas campañas semejantes a las cruzadas: derrotó a los persas en Armenia, avanzó por el Cáucaso reclutando a 40.000 "kazares" para reforzar considerablemente sus fuerzas auxiliares, y se dirigió directo al centro del imperio Persa (campaña impensable ni siquiera en los tiempos de máxima gloria romana). Los persas que ni sabían ni sospechaban nada y que mantenían el grueso de sus tropas alejadas en Asia Menor, cuando quisieron reaccionar se encontraron con sus palacios y templos destruidos, sus tierras saqueadas y la mítica ciudad de Nínive conquistada; no tuvieron más remedio que rendirse.

Heraclio volvió a Constantinopla levantando la Santa Cruz, con los territorios recuperados, con el triunfo soñado de tantos emperadores occidentales, y el enemigo histórico herido de muerte (tras esto jamás se recuperó y acabó sucumbiendo ante el empuje de las hordas árabes). Por otro lado, los ejércitos bizantinos también cosechaban victorias en el frente abierto contra los ávaros, y el orgullo de ser romano volvía una vez más a los descendientes espirituales de Rómulo y Remo. Luego emprendió una gran reforma institucional que rompía con los esquemas hereditarios de Diocleciano y Constantino, dividiendo el imperio en "temas", administrados en todos los aspectos por un hombre: el "estratega".

En los últimos años de su vida, el emperador tuvo que hacer frente al avance imparable de los árabes, que hostigaban y acababan ocupando Siria y Alejandría. Tras la muerte de Heraclio, siguieron sus conquistas en Chipre, Jerusalén, Antioquía, Mesopotamia y Egipto, lograron su primera victoria naval frente a la prestigiosa armada bizantina, y finalmente, años más tarde asediaron la capital (llamada ya Bizancio en lugar de Constantinopla); poco se entiende del milagro, cuando todo parecía perdido, fueron capaces de resistir heroicamente con la ayuda de todos los ciudadanos y poco después de repeler el asedio, se logró derrotar a la fuerza naval árabe y lograr un tributo en oro muy cuantioso, aunque buena parte de los territorios perdidos no se recuperaban de momento.

Este episodio nos recuerda el mismo carácter demostrado en las guerras púnicas cuando Aníbal estaba ante las murallas romanas. Pero todavía no era el momento. Todavía no.

DÍPTICO CONSULAR DE FLAVIUS ANASTASIUS, 517 d.C.

Los eslavos acabaron convirtiéndose al cristianismo y entraron en la órbita del imperio, pero la lucha entre la tradición latino-occidental y la greco-oriental se iba acentuando año a año y se acabaría radicalizando ante el surgimiento del Imperio Carolingio (posteriormente conocido como Sacro Imperio Romano-Germánico), que no solo reclamaba la autoridad teológica, si no que también reclamaba al igual que Bizancio la legítima herencia de la antigua Roma. Tras contener a los árabes durante largas campañas y mediante tratados de paz, se logró el apogeo medieval con la dinastía macedonia (867-1057), la segunda edad de oro tras la dinastía justiniana; se inició con Basileo I, que siendo esclavo subió al poder mediante la violencia; pero no duraría mucho esta bonanza, porque tras el cisma de Oriente provocado por Miguel Cerulario empezó una decadencia imparable, fraccionándose en principados, siendo atacado por los turcos en el este, y por los cruzados del Occidente romano-germánico por el oeste, que buscaban apoderarse de sus riquezas, de sus rutas comerciales y de su situación estratégica en el Bósforo. De todos modos, tras una década de anarquía, ascendió el emperador Alejo Commeno en el año 1081 y logró devolver al imperio su vieja grandeza, aunque los peligros del momento: los normandos y los turcos, hostigaban constantemente las cada vez más reducidas fronteras.

MAUSOLEO BIZANTINO DE GALA PLACIDIA, Rávena-ITALIA

Cuando la situación parecía esta vez insalvable, apareció una nueva dinastía: los Paleólogos. Miguel VIII consiguió restaurar la unidad, aunque con una base territorial y económica muy disminuida, en el año 1261. El imperio sobreviviría dos siglos más a base de horoicidades y dura resistencia, pero Mohamed II en el año 1453 ocupó la capital, entre otras cosas, gracias a un ingeniero húngaro que al no poder contratar una Bizancio reducida a una sola y empobrecida ciudad, se vendió a los turcos, a los cuales les fabricó un cañón de increíbles dimensiones capaz de destruir las hasta entonces impenetrables murallas de la vieja Constantinopla, arrasando y aniquilando a sus habitantes que lucharon hasta la muerte, dando un fin épico y digno a una civilización que se había iniciado 2.206 años atrás sobre una simple colina.

 
CONSTRUCCIÓN BIZANTINA, Rávena, ITALIA
 

Los bizantinos siempre soñaron con la restauración del antiguo Imperio Romano, aquel cuyo nombre ostentaban las siglas S.P.Q.R. ("Senatus Populusque Romanus": el Senado y el Pueblo de Roma), emblema de las gloriosas e invencibles legiones del pasado. Se consideraron herederos legítimos de ese legado y fueron un imperio dominante durante años, florecieron cuando Occidente estaba en el oscurantismo del medievo, y fueron protagonistas principales durante toda la Edad Media, hasta que Constantinopla fué saqueada por los cruzados en el 1204, y contuvieron la entrada del Islam por Europa Oriental. Su caída marcó el fin de una era y la edad Moderna se abría tras ellos; sin su épica y terca resistencia los actuales mapas de Occidente serían muy distintos... o simplemente no existirían. Rindámosles pues, un merecido homenaje en nuestro recuerdo.